Arnoldo Cuellar

Bárbara Botello, si no fuera por la vanidad

In Botepronto, Zona Franca on mayo 20, 2013 at 3:23 am

La vanidad parecer ser el principal enemigo de la alcaldesa de León, Bárbara Botello Santibáñez, quien tiene un posicionamiento inmejorable en el actual panorama político, no sólo el local y el estatal, sino incluso a nivel nacional.

No es para menos. La hazaña de haber derrotado al PAN después de una racha de 24 años de victorias, lo que significó recuperar para el PRI una de las plazas más emblemáticas de la derecha en México, sería suficiente para catapultarla como valor político en ascenso.

Si embargo, ese logro es de los que se van mellando con el tiempo, sobre todo si no se asume la responsabilidad de hacer un gobierno consecuente con los deseos de cambio manifestados por el electorado.

Hasta ahora, la mayor ausencia en torno a todo lo que se mueve en el fenómeno Bárbara, es precisamente la de la planeación ordenada. Como si la victoria hubiera sido una sorpresa para el propio equipo, a ocho meses de haber tomado posesión se han dejado pasar oportunidades preciosas para afianzar una propuesta sólida de cambio.

En materia de organización interna, de seguridad pública, de planeación, de obra pública, no hay una mejoría notoria. Los funcionarios propuestos para cada uno de esos cargos no significan una posibilidad de cambio, muchos de ellos podrían haber colaborado de igual manera con administraciones panistas.

El PRI que regresó al gobierno de León no muestra ser mejor que el PAN al que expulsó y no porque este fuera solvente  y eficiente, sino más bien porque se aprecia la misma incompetencia que hartó a los ciudadanos y los hizo inclinarse por un cambio en julio pasado.

Pero como gobernar bien es realmente difícil y laborioso, la táctica adoptada por la alcaldesa Bárbara Botello para mantenerse presente en el ánimo de la opinión pública, ha ido por el lado de cultivar su imagen, es decir, por el lado de la vanidad.

No de otra cosa pareció tratarse la cumbre de presidentes municipales que se realizó en León a un costo superior a los 10 millones de pesos, la semana que pasó. La alcaldesa logró encontrar patrocinios de parte de Miguel Márquez y una dependencia federal como Banobras, para repartir el costo de la reunión. Sin embargo, el triunfo fue sólo de ella.

Las portadas de los diarios locales y sus suplementos especiales destacaron a la alcaldesa, gracias a las generosas páginas de publicidad comprada por el municipio, algo que incluso podría incurrir en una violación a las normas que regulan la publicidad gubernamental. Todo por la vanidad.

La Federación Nacional de Municipios de México, agrupación identificada con el PRI, le otorgó su presidencia por un año y fue la oradora que abrió la plenaria inaugural, aunque su discurso haya quedado rápidamente en el olvido salvo por el comercial de los zapatos leoneses. otra vez, poca política, pero mucha vanidad.

Sin embargo, todos esos logros conseguidos a un alto costo para las finanzas municipales, no lograron ser capitalizados con una presencia política fuerte, que utilizara el manejo de imagen sólo como plataforma para afianzarse con propuestas políticas serias, imaginativas y oportunas. Ese es el problema cuando lo que se privilegia es, sí, la vanidad.

Al igual que en el caso de la victoria electoral de julio, el logro de haber protagonizado la anfitrionía de una reunión de importancia nacional y, además, cobijada por el presidente Enrique Peña Nieto, parece diluirse con demasiada facilidad, por lo cual habrá que esperar un nuevo golpe de imagen, de lucimiento y de vanidad en la carrera de la alcaldesa de León por los reflectores.

Pero no es todo, por si algo faltara, la priista Bárbara Botello, crecida políticamente como opositora contumaz, no parece entender los nuevos tiempos de México, donde el diálogo y el acuerdo político son más valorados que la confrontación hostil, lo que la hace incurrir en innecesarias descortesías que la alejan de una imagen de política moderna.

En el caso de la organización del encuentro de  alcaldes fue necesaria a intervención de la Secretaría de Gobernación para reconducir lo que parecía ya un choque inminente entre la alcaldesa de León y el gobernador Miguel Márquez, por los recursos necesarios para la reunión. Finalmente el tema se resolvió cuando la reunión alcanzó tintes de plena pluralidad, lo que incluso incrementó su importancia y justificó plenamente la asistencia presidencial.

Sin embargo, apenas concluyó el arbitraje federal, la rijosidad local volvió a lucir, ahora con el tema de la paternidad de la nueva clínica del IMSS que construirá el gobierno federal en León.

En contra de los planes de Botello, el presidente Peña Nieto evitó cuidadosamente hacer el anuncio de la nueva clínica durante su breve gira por León. Hubiese sido una descortesía con el resto de los alcaldes, pero también con el gobernador Miguel Márquez.

Más tarde, antes de regresar a la ciudad de México, le confirmó a Márquez que se construirán dos nuevas instalaciones del IMSS, una en León y otra en Irapuato. También hizo el anuncio en una entrevista por radio concedida todavía en territorio estatal.

El anuncio fue reproducido por el gobernador un día después, tras participar en un panel de gobernadores en la cumbre municipalista. Confirmó el inminente inicio de la construcción de un nuevo hospital de 250 camas para León y otro para Irapuato, del que no especificó capacidad. Márquez aclaró que esos logros obedecían a gestiones conjuntas del estado y los actuales alcaldes, aunque omitió decir que son el seguimiento de gestiones iniciadas desde pasadas administraciones.

Sin embargo, Márquez no fue lejos por la respuesta de Bárbara Botello quien citó a una conferencia de prensa ex profeso para aclarar que la gestión del hospital del IMSS para León había sido suya y sólo suya. Incluso volvió a publicar desplegados en los periódicos para pelear el mérito a bayoneta calada, en lo que se dejó sentir como un innecesario despliegue de, otra vez, vanidad.

Esos son los detalles que parecen no dejar crecer a la alcaldesa. A sus innegables logros políticos, como su triunfo electoral o su decisión de traer eventos nacionales a León, con todo y su alto costo, no le sigue una actitud de grandeza política que deje en claro que está lista para nuevas responsabilidades. A Bárbara Botello nadie parece haberle dicho que lo que un político debe perseguir es la gloria y no la simple vanidad.

Hasta ahora a Bárbara Botello le ha sonreído la fortuna, de aquí en delante falta por ver de qué está hecha su virtud. Pues, como dijo el viejo Maquiavelo: “el príncipe que no se apoya más que en la fortuna cae según que ella varía.”

arnoldocuellar@zonafranca.mx

@arnoldocuellaro

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