Arnoldo Cuellar

Miguel Márquez, primeros pasos

In Análisis Político on junio 27, 2011 at 5:02 am

En la elección del comité estatal panista pasaron cosas paradójicas: quien debía tomar los riesgos no lo hizo y ganó; quien no tenía porqué tomar ninguno, los tomó todos y perdió completamente.

Hablamos, por supuesto, de Miguel Márquez Márquez, el apenas naciente precandidato oficialista a la gubernatura del Estado; y de Juan Manuel Oliva, el hasta hace poco indiscutido jefe del grupo dominante en el PAN de Guanajuato.

La histeria político estuvo a la orden del día en esas tensas semanas previas a la elección del nuevo presidente del PAN estatal. El innegable activismo llevado a cabo desde la titularidad del gobierno estatal, usando para ello a secretarios de despacho como Román Cifuentes, Genaro Carreño, Alberto Diosdado, Juan Carlos López y José María Anaya, originó que muchos de sus partidarios le exigieran a Márquez una definición pública a favor de Gerardo Trujillo.

No ocurrió así, desde una idea pacifista de evitar una confrontación abierta con quien todavía es su jefe, Miguel Márquez decidió fortalecer la estrategia de contacto directo con los consejeros y evitar el pronunciamiento público.

Hubo quienes vieron, y me cuento entre ellos, un acto de pusilanimidad en la decisión del secretario de Desarrollo Social.

El resultado del sábado pasado, sin embargo, dejó en claro que la táctica seguida por quien hoy es el precandidato a lagubernatura de este peculiar grupo político que se agrupó bajo el liderazgo de Juan Manuel Oliva durante por lo menos los últimos diez años, surtió los efectos deseados: sin elevar el tono más allá de lo que ya lo hacían los medios de comunicación, Márquez barrió el intento del Yunque por recuperar el PAN.

La decisión de bajar de la contienda a Arturo Navarro, el secretario del Congreso que es padrino de bodas de Márquez y quien ahora emerge como el nuevo secretario general del partido, fue un movimiento que nadie valoró en su momento y que ahora reveló su sentido.

La idea fija de no plantear un reto abierto a Oliva, más allá de lo que implicaría la derrota de su candidata, cobra importancia en este momento como un factor que abonará a la recomposición interna.

Finalmente, Márquez junto con el dirigente saliente, Fernando Torres Graciano, y con el propio Trujillo, fueron claves para evitar las presiones que pedían un comité estatal hibridado más allá del sentido de los votos en el consejo. Ellos ganaron, ellos decidieron, ellos tendrán la responsabilidad de lo que pase.

En lo que hace al papel de Juan Manuel Oliva, queda expuesto con nitidez el hecho de que no tenía ninguna necesidad de haber pasado por la dolorosa derrota que prácticamente se autoinfligió ese mismo sábado, trabajando arduamente para ello.

Oliva había pasado a la historia política de Guanajuato como uno de los más eficientes operadores políticos. Sólo habría que pensar que manejó tres campañas políticas triunfadoras a la gubernatura: la de Vicente Fox, la de Juan Carlos Romero y la propia.

A Fox quizá no lo inventó, pero sí lo hizo con Romero y, de alguna manera, consigo mismo. A ese palmarés no se acerca ningún político, priista o panista, en Guanajuato y quizá ni siquiera en el país.

Podrá decirse que influyeron las circunstancias, pero eso no atenúa el sentido de la oportunidad, la vigencia a lo largo del tiempo ni los resultados que, al fin del día, son los que cuentan.

Con todo eso, Juan Manuel Oliva ya no tendría porqué estarse exponiendo en batallas locales, cuando su sola fama lo ha llevado a ser considerado como un activo político del PAN en el escenario nacional.

No fue así, se dejó llevar por las intrigas, operó con desesperación, no tuvo respaldo de campo y cosechó un fracaso del que no tenía ninguna necesidad y por el que alguien, en su equipo, tendría que pagar.

Hasta hace poco estaba en manos de Oliva administrar sus expectativas de cara a coyunturas como la sucesión presidencial y la propia estatal. De aquí en delante, el gobernador estará a expensas de la generosidad de aquellos a los que decidió confrontar y que lo vencieron en buena lid.

Nada nuevo bajo el sol: el camino a la cumbre casi nunca incluye el manual de cómo descender con los menores daños posibles.

Botepronto

Dice en su Twitter el senador Luis Alberto Villarreal que en la elección del nuevo dirigente panista “Al final la calentura no era de la Loma.”

¿Qué quiso decir? ¿Acaso los integrantes de ese grupo no son panistas? Probablemente se refiere a que su presencia en el consejo es apenas testimonial.

De seguir esa lógica, probablemente tampoco la carrera por la candidatura a gobernador sea su “calentura”.

Sin embargo, tampoco hubo distancia: como también lo reconoció en las redes sociales, votaron por Alejandra Reynoso, la candidata del gobernador Juan Manuel Oliva, al que tanto desprecian, del que tan mal se expresan y a quien culpan de todos los males del PAN en Guanajuato.

Por cierto, también la candidata del Yunque, al que le ponen la cruz.

¿Porqué sería? Probablemente porque sí hubo promesas y compromisos, como los establecidos en una sala del aeropuerto del Bajío donde se habló de candidaturas plurinominales e intercambio de respaldos.

No parece una propuesta política muy distinta de lo visto en los últimos años: cargos a cambio de votos. Para eso nos gustaban.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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