Arnoldo Cuellar

DÍAS DE GUARDAR Domingo 12 diciembre de 2021

In Análisis Político, Días de Guardar, POPLab on diciembre 12, 2021 at 12:30 pm

* Zamarripa hace agua, pero Diego insiste en dar la cara por él

* Enrique de la Madrid: el mensaje es combatir la desigualdad

* Alejandra Gutiérrez: gobierno a medias si no controla la seguridad

Arte: @PincheEinnar

1.- Reconocimientos y medallas no bastan si no hay respuesta a las víctimas

El mayor problema de Carlos Zamarripa es uno y es absolutamente relevante: su ostentosa fiscalía no funciona, los delitos no son esclarecidos más que en mínima parte y las víctimas son tratadas con desprecio, altanería y prepotencia. La marca de la casa es la soberbia y su principal recurso el desdén.

Por eso, aunque sus porristas oficiales, como el gobernador Diego Sinhue Ródríguez, el líder panista del Congreso Luis Ernesto Ayala, el jefe panista Eduardo López o la prensa oficialista se desgañiten en elogios a la que les ha dado por llamar «la mejor fiscalía de México», a nadie convencen.

Lo saben los abogados litigantes que batallan en cada comparecencia, donde sus expedientes se pierden, se archivan o no avanzan; los saben las víctimas de algún delito y lo saben las familias de los asesinados y desparecidos: en la fiscalía no encuentras ni solidaridad ni profesionalismo.

¿Acaso es posible olvidar cómo Zamarripa negó la existencia de fosas de las que ya sus servicios periciales tenían información? ¿Será posible no recordar como Carlos Zamarripa negaba la existencia de un cartel en Guanajuato en 2017 y 2018?

Para quienes tienen un poco de memoria resulta claro que en el origen de los graves problemas de inseguridad que hoy padecen los habitantes de Guanajuato se encuentra la omisión y la muy probable complicidad de quien ha sido fiscal y procurador desde hace casi 13 años.

La pregunta es: ¿puede resolver los problemas el mismo que los provocó? ¿Se puede investigar a sí mismo?

No parece posible, ni razonable, mucho menos inteligente.

Lo más grave es que ese debate ya ha marcado la mitad del gobierno de Diego Sinhue Rodríguez Vallejo quien, de propia voluntad o forzado por las circunstancias de su arribo a la candidatura, decidió atarse al cuello una rueda de molino al ratificar a Zamarripa y después dar su bendición para elevarlo a fiscal.

Su sexenio será recordado por eso: las fosas, las víctimas no atendidas, el crecimiento de la violencia y la presencia inamovible de un policía que se colocó por encima de todas las instituciones. No será la mejor manera de pasar a la historia.

2.- De la Madrid: el mensaje de fondo no fue escuchado en Guanajuato

El ex secretario de turismo y hoy director del centro para el futuro de las ciudades del Tecnológico de Monterrey, Enrique de la Madrid Cordero, es uno de los mejores prospectos para construir una candidatura ciudadana, sobre todo gracias a su discurso y a una visión que se mueve entre la crítica radical al pasado y al presente y una propuesta de futuro que suena lógica y alcanzable.

De la Madrid se ha tratado de alejar de quienes lo quieren convertir en el antiamlo para tratar de superar un debate polarizado, pero no siempre lo logra.

En su presencia de ayer en León Guanajuato, en un foro de la Coparmex, el mensaje de quien se viene construyendo a sí mismo como opción alejado de los centros de poder de los partidos, fue en contra de la desigualdad que se propicia no solo por las malas políticas gubernamentales, sino también por un modelo de explotación que linda con el capitalismo salvaje.

Lo que destacaron los medios, sin embargo, fue el mensaje político de coyuntura: «la oposición necesita unirse para vencer a la 4 T». Atrás dejaron la otra propuesta, de que la sociedad debe enfocarse en resolver sus problemas sin esperar la participación del gobierno: por ejemplo, que las empresas destinen más porcentaje de sus utilidades a la mejoría del ingreso de sus trabajadores.

Eso en León suena casi a herejía, peor que ser partidario del Atlas en este momento.

Sin embargo, de la Madrid parece saber que el mantra de López Obrador de ir contra la corrupción como el principal problema de México fue algo que funcionó en 2018, por lo que hay que construir un mensaje que alcance la misma penetración y sea a la vez una propuesta de cambio y una apuesta por un futuro mejor.

«¡Es la desigualdad, estúpido!» podría parafrasearse retomando el eslogan de campaña de Clinton sobre la economía.

Pero allí es donde el mensaje separa al precandidato de quienes fueron sus anfitriones en León, los empresarios que se resisten a salirse de la caja y pensar de manera disruptiva sobre las causas que encumbraron a Andrés Manuel López Obrador hasta convertirse en un factor de esperanza para una base social que parece nunca haber estado en los planes de sus antecesores.

Es temprano en la carrera y Enrique de la Madrid tendrá la oportunidad de convertir lo que hasta hoy son pulcras y amenas presentaciones ante auditorios dispuestos a escuchar pero no a avanzar en la construcción de un país distinto, en una verdadera campaña política que reconstruya la esperanza.

Mucho tendrá que cambiar el propio aspirante a candidato en contacto con un país doliente, donde son pocas las historias de éxito frente a las numerosas tragedias que pudieron haberse evitado.

Pero más tendrán que cambiar los partidos políticos que pudieran arroparlo, para entender que ellos son corresponsables de muchas de las situaciones que señala críticamente el discurso lamadridista.

Por lo pronto, parece el más presentable de quienes buscan alternativas diferentes para la elección del 2024.

3.- La seguridad pública será responsabilidad de los alcaldes o no será

Ya se ha probado en Guanajuato un mando único de facto en las secretarías y direcciones de seguridad pública de los municipios, bajo la égida de Alvar Cabeza de Vaca, secretario estatal y el otro gran artífice de la crisis de violencia que vive el estado. Sobra decir que no funcionó.

Héctor López Santillana le entregó las designaciones de sus dos secretarios de seguridad y de sus directores de policía a Cabeza de Vaca. Hoy León tiene el más alto número de homicidios mensuales de su historia y ha escalado dramáticamente entre las ciudades peligrosas de México.

En Celaya la situación mejoró relativamente justo cuando se pudo cortar el cordón umbilical de la policía local con el secretario estatal.

Además, buena parte de los estudios que se han realizado en México sobre el crecimiento de la inseguridad concluyen en la necesidad de construir policías municipales más eficientes, menos corruptas y respetuosas de los derechos humanos. Una policía en la que el ciudadano vuelva a confiar.

Por eso, la nueva hornada de alcaldesas y alcaldes de Guanajuato, sobre todo quienes ya mostraron ganas de trascender y de construir proyectos políticos de mayor alcance, tienen que ponerse a trabjar en la regeneración de sus cuerpos policiacos.

No habrá discurso que funciones, medidas innvadoras, cambio de actitud y ruptira de paradigmas que sean suficietnes, si se deja de lado la obligación de proveer seguridad a las familias por parte de la autoridad más próxima al ciudadano: los munícipes.

En León, no pasa semana sin que la alcaldesa Alejandra Gutiérrez Campos deba enfrentar una crisis derivada de la actuación de los policías municipales, bajo las órdenes del Secretario de Seguridad Mario Bravo Arrona quien presume estar allí por decisión del gobernador Diego Sinhue Rodríguez.

Desde la pasada administración quedó claro que Bravo es un costoso adorno y que la policía se encuentra realmente bajo las órdenes del comandante Jorge Guillén Rico, director de la policía municipal y hombre de confianza de Cabeza de Vaca.

El modelo ha sido, hasta ahora, inservible. Los alcaldes se alejan deliberadamente de la responsabilidad de organizar, gestionar y supervisar a la policía, como si esa tarea les fuera ajena, como si en las campañas no hubieran recogido quejas y peticiones sobre el tema.

No será posible una administración de trascendencia y con ello una proyección a mayores esferas de responsabilidad, si no se asume íntegramente el reto y el compromiso dar a la ciudad paz y entornos seguros.

Y si la policía no coopera con la intención manifiesta de la alcaldesa, la ruta está dada: hacer cambios o fracasar, aunque se opongan desde el palacio de gobierno de Guanajuato o desde el G100, mejor dicho.

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