Arnoldo Cuellar

El fiscal pide porras

In Análisis Político, POPLab on septiembre 1, 2021 at 10:08 pm

Mientras el gobernador Diego Sinhue Rodríguez se encuentra ausente de sus responsabilidades, por lo pronto dos semanas en Europa realizando videos sobre inversiones decididas de antemano, en Guanajuato el poderoso fiscal Carlos Zamarripa utiliza los amplios recursos públicos a su disposición para lanzar una campaña de relaciones públicas que lo rescate del descrédito al que lo ha sometido el presidente de la República.

Foto: Periódico Correo

Para contrarrestar el efecto de las Mañaneras, una empresa de relaciones públicas de la ciudad de México, que no debe estar saliendo barata, sugiere al fiscal apariciones en medios y socialización.

Tras su gira de mediados de agosto por los medios que le son afines, Milenio, OEM, Promomedios, se vino una nueva andanada presidencial.

La respuesta del fiscal inició con una reunión de apapacho con el Club Rotario de León, del que es presidente el oftalmólogo Luis Antonio Alanís Villarreal, un personaje que actúa con distintas cachuchas. Es también presidente del Consejo Externo de Consulta de la Fiscalía del Estado y, además de atender su empresa médica, también tiene tiempo para fungir en el delicado cargo de administrador de los servicios municipales de la ciudad de León, conocido como city manager.

Así, de tener el papel de representante social ante la fiscalía, Alanís pasó a convertirse en contribuyente de la estrategia de relaciones públicas del funcionario al que, de acuerdo a la ley, debe realizar “recomendaciones sobre sus atribuciones y advertir probables responsabilidades administrativas.”

Fue la reunión donde un contrito Fiscal se quejó de las apreciaciones de López Obrador sobre su actuación y aceptó que las presiones, que atribuyó a “intereses perversos”. podrían afectar su continuidad y pidió “que le echen porras”.

Hay temas más allá de estado de ánimo del fiscal, al que nunca le preocuparon de esa manera los decrecientes rendimientos de la dependencia que dirige, a la que mientras más presupuesto le otorgaban más incumplía con su cometido de sancionar la creciente criminalidad y, sobre todo, la violencia que hundió al estado en una vorágine de sangre y desestabilización.

Uno de ellos sería saber de cuales partidas están saliendo los recursos para una costosa estrategia de reposicionamiento, si están previstos o si se están desviando de otros gastos.

Lo segundo sería conocer por qué el fiscal no se aplica más a resolver los problemas de gestión de su dependencia, a mantener una posición cercana no a los clubes sociales, sino a la sociedad en su conjunto y por qué, en lugar de “construirse una imagen”, mejor no emplea la enorme infraestructura a su servicio para atender el acuciante problema de inseguridad de Guanajuato, sin prepotencia y con verdadera cercanía con la población.

Habría que ver si es porque no puede o porque no quiere. Si engolosinado por su ascenso político, sus alianzas en el PAN y los honores que le rinden empresarios y funcionarios ansiosos de compartir su poder, se olvidó de los fines primordiales de su puesto.

La pregunta es: ¿necesita Zamarripa una estrategia de relaciones públicas o sencillamente necesita dar resultados?

Y cuando se habla de resultados no es solo resolver los casos mediáticos y dar golpes espectaculares, sino tratar sin discriminación todos los casos. Miles de víctimas ven como el fiscal y su aparato publicitario salen a festinar capturas, vinculaciones a proceso y sentencias en algunos procesos emblemáticos, mientras el resto de los asuntos son tratados con lentitud, con burocratismos y con nula empatía, como el caso que reseñamos hoy en nuestra portada.

Mientras el fiscal confunda a la sociedad con el club Rotario y se rodeé de cortesanos como el multichambista doctor Luis Alanís, seguirá atrapado en su marasmo de ineficacia y descrédito, como un verdadero pato cojo y un blanco perfecto para la cacería matutina del presidente.

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