Arnoldo Cuellar

DÍAS DE GUARDAR Domingo 04 de octubre de 2020

In Análisis Político, Días de Guardar, POPLab on octubre 4, 2020 at 10:27 am
Ilustraciones: @PincheEinnar

* Semáforo va a amarillo, pero todos se comportan como en verde

* *Fake news* del A.M. y criminalización de ciudadanos

* Navarro: ahora vulneración de derechos humanos y laborales

1.- Se impone el semáforo federal a la entrada del otoño

En la realidad, desde hace meses el confinamiento ha sido relajado en las ciudades de Guanajuato, llámese semáforo rojo o anaranjado, las actividades prácticamente se han restablecido y la nueva normalidad se parece peligrosamente a la anterior de antes de la pandemia.

El paso de semáforo naranja a amarillo, definido por la autoridad estatal de salud, es meramente simbólico y su mayor interés parece estar en la reactivación económica, más que en el tema médico.

El turismo, principalmente, pero también el sector de las manufacturas y de las ventas, ya no aguantan más las autorrestricciones que se ha impuesto la población, independientemente de las muy relajadas limitaciones desde la función gubernamental.

Esas restricciones tienen más que ver con un control del gasto en tiempos de imponderables sanitarios y económicos que con una limitación de la movilidad, por lo que muy probablemente la astringencia continuará.

El paso de semáforo se basa en la reducción de casos detectados, la disminución de fallecimientos y la situación de las camas con respiradores disponibles. Sin embargo, es inevitable pensar que por lo menos los dos primeros de esos indicadores pueden ser controlados a través de la gestión de los datos que realiza una secretaría de salud particularmente proclive a la lectura política de la emergencia.

No deja de ser preocupante el activismo que ha mostrado el secretario de Salud, bajo el cobijo y el impulso del ex gobernador Miguel Márquez, para posicionarse como uno más de los aspirantes a la candidatura panista por la alcaldía de Irapuato, de donde es originario.

Sería profundamente inmoral y contrario a la buena política, que la atención a la pandemia se contaminara no solo por las necesidades de imagen del gobierno estatal y su pugna con la federación para exhibir mejores cifras, sino que además se agregara la contaminación de pequeñas ambiciones locales, como las que no logra ocultar Daniel Díaz Martínez.

No nos merecemos esa falta de profesionalismo.

2.- *A. M.* profesionalismo y objetividad en entredicho

Este viernes, el diario A. M., el impreso de mayor circulación en Leon y un medio prestigiado que ha tenido a lo largo de su trayectoria numerosos premios y reconocimientos, nacionales e internacionales, publicó una nota sin fuentes claramente identificadas donde relata que un decomiso importante de armas y de instrumental para fabricación de drogas sintéticas, ocurrió en un hotel ubicado en la comunidad de Comanja de Corona, Jalisco, el cual es propiedad de inversionistas leoneses.

La nota construye toda una narrativa que involucra al hotel Real Hacienda La Ferrería, sin citar una sola fuentes y evitando dar un parte oficial, incluso reconociendo que no existió confirmación de la autoridad.

Ya en el colmo del periodismo ficción, la Redacción de A. M. atribuye el operativo del ejército y la guardia nacional a un “un reporte anónimo de personas cercanas al hotel Real Hacienda La Ferrería, que aseguraban que siempre había personas armadas en el lugar.” (Sic).

Resulta francamente complicado entender como una filtración de la autoridad a los reporteros pone en evidencia que la denuncia partió del lugar de los hechos, con lo que de paso le quitarían el anonimato y pondrían en riesgo a los denunciantes.

Publicada la nota con esa falta de rigor se produjo el inevitable desmentido del propietario del hotel en cuestión en las redes sociales, quien aclaró que el operativo no fue en sus instalaciones sino en otro punto de la comunidad de Comanja de Corona. Además subraya en su publicación que la nota de A. M. “es totalmente falsa”.

Lejos de reconocer el error o la falta de precisión, el editor de A.M. decidió emprenderla en contra del ciudadano que los desmintió y para castigarlo lo contrapuso con la guardia nacional, al titular su nota con la siguiente cabeza y sumario:

Desmiente hotel a Guardia Nacional sobre operativo contra narcolaboratorio

El hotel Hacienda La Ferrería descartó que la Guardia Nacional y el Ejército Mexicano hayan realizado un operativo en una de sus cabañas, la cual presuntamente fungía como narcolaboratorio.”

El desmentido del empresario nunca fue a la Guardia Nacional, entidad que nunca oficializó información sobre el operativo, sino al periódico, el cual no contento con trasladar la responsabilidad del error a la corporación, volvió a difamar al hotel al insistir en la presunción de que una de sus cabañas fungía como narcolaboratorio.

Los medios de comunicación tienen entre otras la función social de darle voz a los ciudadanos frente a los excesos del poder, pero ¿qué pasa cuando un medio se erige en poder utilizando su capacidad de difusión y criminaliza a ciudadanos a los que deja sin voz?

El director del corporativo de medios A. M., Enrique Gómez Orozco, es un acérrimo defensor de los valores liberales históricos y de las libertades ciudadanas. En los últimos tiempos su pluma se ha dirigido a criticar muchos de los excesos estatistas y populistas del gobierno de la cuarta transformación, con argumentos atendibles.

Sería bueno que esa visión también permeara en el ejercicio cotidiano de sus reporteros y editores. La nota construida con anónimos sin verificar sobre el operativo de Comanja de Corona y la posterior vendetta editorial contra el ciudadano que la desmintió, no merecen estar en las páginas de un diario que allá en sus orígenes, hace cuarenta años, abría una historia de éxitos bajo la consigna de ejercer una “libertad sin ira”.

3.- Prejuicios de la derecha presentes en despido de pareja en Guanajuato

Un arquitecto con 13 años de antigüedad en la administración pública municipal de la capital del estado vio como cambiaba el trato de sus superiores y de sus compañeros cuando decidió asumirse como mujer transgénero. A la vuelta de un año fue despedida junto con su esposa con la que había formado una familia como varón.

Kaheli, nombre que ha adoptado tras su transición de género, perdió consideración de sus superiores, fue maltratada laboralmente y, al final, fue despedida sin mediar explicación. Ella lo atribuye sin sobra de duda a su opción elegida, lo que constituye un atentado en toda regla a sus derechos humanos.

No fue lo único que ocurrió: su pareja y madre de sus hijos también fue despedida con lo que la familia quedó sin sostén económico y frente a numerosos compromisos, justo en medio de la crisis sanitaria que se vive este año.

Los superiores de Kaheli, como el titular de Medio Ambiente y Ordenamiento Territorial Juan Carlos Delgado Zárate, prominente miembro del PAN, no atinaron a darle una explicación y quisieron lavarse las manos responsabilizando a sus subordinados de la decisión.

Constantemente, el municipio de Guanajuato se ha visto sometido a escándalos por el actuar impertinente y caprichoso del alcalde Alejandro Navarro, quien muy probablemente deberá regresar ese municipio a manos opositoras ante su mal papel y su propensión a las ocurrencias.

Esta vez, sin embargo, no se trata de un chiste malo o una actitud exhibicionista: estamos hablando de una vulneración de derechos, de una flagrante falta de respeto a la diferencia, de intolerancia y, además, de abuso laboral.

Guanajuato quiere recuperar desesperadamente su presencia como sitió turístico de relevancia nacional, inventando estrategias de mercadotecnia bobalicona como la G grandota, que no grandiosa, instalada en su centro histórico. Valdría más que la ciudad se singularizara por su respeto a los derechos de las personas y no por las anécdotas de un munícipe con vocación de cómico.

  1. “Semáforo va a amarillo, pero todos se comportan como en verde”.
    Totalmente de acuerdo.
    La población frivoliza su propia condición ante la pandemia y la autoridad no ayuda mucho en la toma de consciencia de la enfermedad, antes bien, es el factor económico el que motiva una cada vez mayor indiferencia en ese rubro.

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