Arnoldo Cuellar

DÍAS DE GUARDAR Domingo 13 de septiembre de 2020

In Análisis Político, Días de Guardar, POPLab on septiembre 13, 2020 at 12:20 pm
Ilustraciones: @PincheEinnar

* Alcaldes nadando de muertito, unos para reelegirse otros de salida

* Diego Sinhue deshoja la margarita con AMLO: ser o no ser

* El bombero Alejandro Navarro: un viaje para nada

1.- No gobiernan, no son empaticos, pero quieren seguir en la nómina

Los alcaldes de Guanajuato, de todos los partidos, constituyen una de las camadas más grises que se haya visto en mucho tiempo. Las mayores ciudades del estado se encuentran desgobernadas y a merced de la delincuencia, común y organizada, las policías están desmanteladas o son presas de la corrupción. Sin embargo, todos los que pueden quieren reelegirse, a despecho de las encuestas y del sentir de sus conciudadanos.

Celaya y Salamanca son ejemplos claros de esa situación. Las dos alcaldesas, una del PAN y otra de Morena, han visto como los últimos reductos de paz han caído estrepitosamente, vivir y trabajar en esas ciudades es hoy casi suicida.

Elvira Paniagua, la panista que gobierna Celaya, se caracteriza por su ausencia en los temas que asuelan a su comunidad. Ciertamente no es su culpa el deterioro acumulado y la desidia del gobierno de Miguel Márquez que hundió a esa ciudad en la peor época de su historia, sin embargo, su personalidad la ha hecho evadirse y encerrarse en su despacho parece casi imposible que logre obtener el beneficio de un electorado que la ha hecho blanco de duras críticas, incluso es difícil que su propio partido la respalde.

Beatriz Hernández recibió un municipio en llamas por la violencia en una ciénega de corrupción, sin embargo, lejos de intentar paliar el vendaval, la alcaldesa morenista y antes panista, terminó de complicar las cosas con sus propios escándalos de deshonestidad rampante y con la violencia criminal al alza. Sus números no dan para buscar una reelección y los numerosos liderazgos de Morena en la zona están prestos para abalanzarse sobre su desgracia política.

León e Irapuato, con alcaldes que cumplirán seis años al frente del gobierno municipal, son la prueba viviente del fracaso de la experiencia reeleccionista. Si tres años de gestión son “muy pocos” como se regodean en decir estos héroes de la nómina, seis parecen un exceso.

Con el brazo cansado, con escasa paciencia, con una gran soberbia, Héctor López Santillana y Ricardo Ortiz exhiben administraciones sin recursos políticos y con nula imaginación. Simplemente sobrellevan la agenda diaria, a veces ni eso, justamente en el peor de los tiempos recientes, cuando se requerirían decisiones oportunas, mucha voluntad y trabajo exhaustivo.

La pandemia no hizo sino venir a agravar la dinámica de gobiernos cansinos en las dos mayores ciudades del estado, donde el freno a las actividades públicas cayó como anillo al dedo y donde los alcaldes prácticamente desaparecieron del escenario.

Ni la emergencia sanitaria ni sus derivaciones económicas recibieron respuestas oportunas , más allá de algunas cuestiones de cajón. Aunque es preciso reconocer que los municipios tienen pocos recursos para cuestiones excepcionales, lo que si tienen es una mayor cercanía de sus responsables con la población, justo lo que más falló en esta ocasión.

Por lo pronto, en estas dos urbes, las de mayor población y dinamismo económico, la circunstancia de que sus dos alcaldes hayan concluido su ciclo, hará que el largo sexenio termine por anticipado y que la efervescencia de las precampañas y las elecciones , diluyan aún más a los jefes de la comuna.

Como han estado las cosas, seguramente ni siquiera se les extrañará.

2.- Las dudas hamletianas de Diego Sinhue con la 4T

El gobernador de Guanajuato sigue dando traspiés en su complicada relación con el gobierno federal que encabeza Andrés Manuel LópezObrador. No es un secreto para nadie que Diego Sinhue Rodríguez tiene profundas discrepancias, casi genéticas, con todo lo que representa el movimiento de la Cuarta Transformación, sin embargo por pragmatismo ha moderado sus críticas y su oposición.

La dependencia de los gobiernos estatales, no solo económica, sino también en temas como la seguridad o la atracción de inversiones, hacia el gobierno federal, matizó en estos dos años muchas de las posiciones que en corto y ante sus cercanos expresaba el guanajuatense.

Por ello, intentos como el de la alianza de gobernadores del centro del país no fueron muy lejos. A la tibieza de Diego se sumaban los vaivenes de los otros mandatarios, como Francisco Domínguez de Querétaro y Enrique Alfaro de Jalisco, gallos más jugados que nuestro paisano, quienes siguen negociando apoyos desde el centro bajo la técnica del estira y afloja.

Por eso, el protagonismo opositor lo ganaron los integrantes de la alianza federalista, con un liderazgo más frontal encabezado por los gobernadores de Nuevo León, Jaime el Bronco Rodríguez Calderón; de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo; y el chihuahuense Javier Corral Jurado. Esos tres mandatarios terminan ya su periodo, tienen poco que esperar de la relación con el centro político del país y su mayor apuesta es la de consolidarse como figuras opositoras de cara a la construcción de nuevos escenarios políticos en la segunda mitad del sexenio en curso.

Sin embargo, lejos de ser consecuente con su pragmatismo, al mandatario de Guanajuato le han jalado las presiones de los aliancistas y sus propias veleidades ideológicas para integrarse al bloque radical, con lo que de alguna manera está comprometiendo una relación que aún tiene 4 años por delante.

De cualquier manera, el posicionamiento de Sinhue dentro del bloque más crítico de AMLO no resulta inconsecuente con las posiciones predominantes entre el electorado de Guanajuato, quizá el más refractario a la 4T si atendemos encuestas sobre la popularidad del presidente por entidad federativa, como la de Mitofsky.

Independientemente del juego de alianzas entre gobernadores y de la esgrima con la federación, el mandatario local tiene que aplicarse en su propia agenda, pues las críticas a los fracasos nacionales no servirán de mucho si aquí no se muestra eficacia, algo que hoy quedan a deber la mayoría de las políticas públicas locales, salvo la de Salud que sigue saliendo bien librada en la pandemia, frente al escenario nacional.

3.- El apagafuegos que se fue a pasear

El alcalde panista de Guanajuato está rompiendo todos los registros de ridículo político que se tuvieran en estas tierras. Alejandro Navarro parece entender el delicado encargo que tiene en sus manos como una oportunidad para darse a conocer, lo cual está logrando pero de la peor manera posible.

Luego de fracasar estrepitosamente en la tarea de sacar adelante el Plan de Desarrollo Urbano y Ordenamiento Territorial del municipio, en una votación donde hasta sus ediles le votaron en contra, Navarro ideó la ocurrencia de acudir a “sofocar” el mayor incendio de la historia reciente en la costa del Pacífico norteamericana, para lo que echó mano de un batallón de cinco tragahumos locales.

Ni tardo ni perezoso, el edil que a cada rato incendia las redes con sus banales ocurrencias, además de sembrar de minas la política local, llamó a los medios para retratarse en su papel de héroe trasnacional, logrando algunas ocho columnas más bien irónicas.

Se tienen noticias, sin embargo, de que el alcalde bombero no ha podido acercarse ni a cincuenta millas de los incendios, pues los bomberos de Ashland, la ciudad de Oregon que está hermanada con Guanajuato, no están a cargo del combate a los monstruosos fuegos que devoran miles de hectáreas, o cual está a cargo de agencias nacionales y estatales.

Se dice en los pasillos del municipio de Guanajuato que el ocurrente munícipe suplicaba a sus anfitriones que le permitieran acercarse a las llamas para, por lo menos, tomarse una selfie, lo que hasta ahora no ha sido posible.

Solo se nos ocurre una pregunta: ¿qué pecado hemos cometido los guanajuatenses para merecer a personajes de esta calaña?

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