Arnoldo Cuellar

Los negocios de la pandemia

In Análisis Político, POPLab on mayo 17, 2020 at 11:54 pm

Con gobiernos como los que lamentablemente padecemos, poco enfocados en el bienestar de la población pero adictos a la vanidad y a los gastos suntuarios, el problema de salud pública que significa la pandemia de Covid-19 también puede constituir una gran tentación para manejos opacos y dispendio de recursos.

Ya vimos el caso del municipio de León, donde la urgencia de previsiones para evitar el contagio, cuando aun había información insuficiente, produjo la absurda decisión de comprar 15 arcos sanitizantes para instalar en terminales del transporte público de la ciudad, al desmesurado costo de 110 mil pesos por cada uno de los adefesios que de poco sirve y que la gente rechaza usar.

Millón y medio de pesos se fueron prácticamente a la basura, gracias a la decisión del tesorero del municipio, Enrique Sosa Campos, funcionario de todas las confianzas del alcalde Héctor López Santillana, quien libró una verdadera batalla con su primer cabildo para tratar de colocarlo en lugar de Gilberto Enríquez, lo que finalmente consiguió en su segundo mandato.

Sobra decir que los sufridos pasajeros del SIT, ya en su mayoría usando cubre bocas, solo pasan por estas auténticas horcas caudinas cuando son obligados por elementos de seguridad. Este tipo de artefactos ha sido considerado perfectamente inútil para prevenir contaminación con el virus Sars-CoV-2, que no se encuentra en la superficie de la piel ni en la ropa, sino en las vías respiratorias de las personas infectadas. En cambio, el desinfectante puede dañar la piel y los ojos, además de que puede generar una sensación de falsa seguridad que desestime otras medidas más efectivas.

En tiempos en los que el dinero hará falta para afrontar las consecuencias económicas de la pandemia, situación que fatalmente dará lugar a programas de rescate desde el sector público, parece que no son esas las mejores decisiones: compras sin licitación, gasto elevado y cero utilidad.

Otras instancias públicas repitieron el gesto, como el Congreso del Estado, Poder Público al que se le da bien desperdiciar el dinero en forma suntuaria, pues solo hay que ver el edificio que ocupan, excedido y megalómano, un palacio de cristal en la cumbre de un cerro que no es precisamente el Olimpo, conviviendo con villas miseria a su alrededor, como un verdadero monumento al despilfarro, la corrupción y el alejamiento entre la clase en el poder y los ciudadanos.

No precisamente en temas vinculados a la atención de la pandemia, pero no por ello menos afrentoso, tenemos el gasto de cientos de millones de pesos, 235 en una primera etapa y hasta 500 al concluir, para “remodelar” las instalaciones de la Feria de León, beneficiando al polígono que conforman junto con el Polifórum, el estadio (privatizado ya por cierto) y el Fórum Cultural.

El plan podía tener una justificación en el mundo prepandemia, cuando se quería insistir en convertir a León en un destino de reuniones de negocios, pese al escaso despegue y los muchos subsidios que ha recibido el Polifórum a lo largo de dos décadas.

Sin embargo, en la nueva realidad ya vendría siendo momento de un golpe de timón, este si de a deveras,  para que esos recursos se reserven para las necesidades que seguirán apareciendo en los próximos meses con un nivel cada vez más alto de exigencia.

Mientras en otras partes del mundo se preparan para una nueva convivencia social marcada por la cancelación de aglomeraciones y el cambio de costumbres, incluso en negocios tan exitosos como el deporte profesional, aquí en un Guanajuato cuya globalización parece solo de dientes para fuera, parecen creer que el Covid-19 es una “gripa” que pasará y nos dejará exactamente en el mismo lugar.

El recién desempacado secretario de Turismo, primer parche del deficitario gabinete de Diego Sinhue, Juan José Álvarez, habla de darle una semana más al Cervantino y de mantener fijas las fechas de los festivales del globo y de José Alfredo Jiménez. Habría que decirle al entusiasta funcionario que todo eso está por verse y que dependerá de consideraciones que no serán solo locales, sobre las consecuencias de un fenómeno que aún no acabamos de desentrañar.

Pero como nadie dice nada y los altos funcionarios se limitan a querer que las personas no abandonen sus hogares sin aportar soluciones sobre sus afectados ingresos, en los niveles medios y bajos de la administración pública se sigue gastando alegremente dinero que hará falta en proyectos que probablemente de nada servirán.

La Secretaría de Salud de Guanajuato respondió rápidamente al rejón colocado por Transparencia Mexicana por su carencia de datos públicos de los gastos realizados para atender la pandemia. Su publicación de hace dos semanas trae información interesante.

Por ejemplo, el gasto más cuantioso de los reportados es la adquisición de 31 mil unidades de un ” Servicio de Laboratorio Clínico para el procesamiento de estudios de ferritina para la atención a pacientes de las Unidades del ISAPEG”, a un costo de 2 millones 748 mil pesos.

Al consultar con un experto la utilidad de esos análisis resulta que la elevación de los niveles de ferritina constituye un indicador predictivo de la severidad con la que podría afectar al virus Sars-CoV-2 a pacientes en tratamiento hospitalario.

Vale. Pero subsiste la pregunta: ¿porque 31 mil unidades de servicio de laboratorio, adquiridas el 16 de abril de 2020, de acuerdo a los datos publicados, cuando había en Guanajuato 113 pacientes confirmados?

Aún hoy, que estamos por llegar a los mil casos confirmados parece un exceso, incluso si la prueba de ferritina se tiene que practicar hasta tres veces a un mismo paciente en el transcurso de su evolución, según precisó una de las fuentes médicas consultadas. Este sábado 16 de mayo había en Guanajuato 68 pacientes hospitalizados.

¿Será que el sector salud de Guanajuato espera 10 mil hospitalizaciones por COVID-19? Y, de ser así ¿en cuánto tiempo?

Incluso considerándolo así, parece una compra absurda pagar por adelantado 31 mil pruebas que se aplicarán a lo largo de muchos meses por delante, como si sobrara el dinero o urgiera gastar.

Por cierto, el vendedor de estas pruebas es la empresa Intermet, S. A. de C. V., la misma que tiene los monopolios de los análisis clínicos y los bancos de sangre de todo el sector salud de Guanajuato y que ha sido señalada por Cofece como parte del grupo de empresas monopólicas que se reparten el mercado a nivel nacional, también conocido como “el cártel de la sangre”.

En medio de la pandemia y de los discursos preocupados porque la población se cuide y no salga de sus casas, hay quienes parecen aprovechar el río revuelto para tender redes de negocios entre las instituciones públicas y los proveedores privados. les ayuda además la ausencia de rendición de cuentas y el aletargamiento de los mecanismos de transparencia que también parecen estar guardando la cuarentena.

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