Arnoldo Cuellar

DÍAS DE GUARDAR Domingo 26 de enero de 2020

In Análisis Político, Días de Guardar, POPLab on enero 26, 2020 at 10:35 pm

* La crisis de seguridad pone los nervios de punta al dúo dinámico

* Agripino, atrapado en su rígida formalidad, no da respuestas a universitarios

* Ascencio Barba, un empresario que antepone intereses a proyecto político

Ilustraciones: @PincheEinnar

1.- La innecesaria agresión verbal de Cabeza de Vaca a Sánchez Castellanos

Nadie en su sano juicio puede hablar de que las cosas están bien en materia de seguridad. Por más certificaciones internacionales de esas que se adquieren a título oneroso, por más reconocimientos del FBI, por más que no estemos en la lista negra del Departamento de Estado norteamericano, cualquiera con dos dedos de frente sabe que hoy guanajuato es un desastre en materia de seguridad.

Ninguna cifra de esas con las que se reconfortan los funcionarios para asegurar que “no estamos tan mal”; ninguna de las autojustificaciones con las que el gobernador y sus muchachos tratan de convencerse de que no andan por la calle de la amargura, tiene el menor impacto en el ciudadano atemorizado que cruza las calles con inseguridad, que sube con miedo al transporte urbano, que se ausenta d elos centros de diversión, que evita viajar de noche por las carreteras.

Las críticas han sido acalladas de una u otra manera. Los medios de comunicación se limitan al recuento de muertos pero han renunciado a exigir mejores resultados. Hay periódicos bien provistos de publicidad oficial que le dan ocho columnas a cualquier estribillo edificante o a cualquier promesa a futuro de los funcionarios del estado contenida en los boletines oficiales, pero eso ya no tiene efecto alguno en la población.

Por eso tiene valor que un líder social como el presidente del Consejo Coordinador Empresarial de León, Jorge Arturo Sánchez Castellanos, mantenga una actitud crítica de tanto en tanto para señalar lo que desde su punto de vista y el de muchos más son deficiencias en la actuación de funcionarios públicos.

Más allá de si todos los señalamientos del líder empresarial están sustentados, uno de ellos queda a la vista respaldado por las cifras: ni la prevención ni la persecución de los delitos viven su mejor momento en Guanajuato y nada hay allí para presumir.

Tampoco nada justifica que los dos funcionarios responsables de esas áreas, Alvar Cabeza de Vaca y Carlos Zamarripa Aguirre y que actúan como una mancuerna en un entorno plagado de complicidades, hayan sido ratificados por el nuevo gobierno. Lo único que lo explica son los compromisos entre el anterior gobernador, Miguel Márquez, y el actual, Diego Sinhue Rodríguez, lo que habla de intereses partidistas y personales por encima de las necesidades de la población, algo que el ADN del viejo PAN repudiaba como la peste.

Entonces, nada justifica que se pretenda inhibir la crítica con desplantes y con insultos provenientes de los servidores públicos en contra de los ciudadanos. Lo mismo que el PAN le critica a López Obrador cuando califica de “conservadores” y de “fifis” a sus críticos, es lo que realiza un funcionario del gobierno panista de Guanajuato cuando llama “berreos” a las críticas de un representante ciudadano y cuando [lo insulta](https://www.am.com.mx/guanajuato/noticias/Pelean-Secretario-de-Seguridad-y-lider-empresarial-20200124-0024.html deslizando la imagen de “animal pesado y lento”.

Si Alvar Cabeza de Vaca habla a nombre propio, por encima de la política pública del gobierno del que forma parte, resulta sumamente preocupante el nivel de insubordinación y la ratificaciónd e la impresión que muchos tenemos de que Zamarripa y el secretario de Seguridad se encuentran fuera de control, ajenos a la rendición de cuentas y a los controles constitucionales, constituyéndose en una protodictadura que minimiza al gobierno de Diego Sinhue y lo ahce ver como una simple figura decorativa.

Si no fuera así, si Cabeza de Vaca habla a nombre del gobierno de Sinhue, quien hasta ahora no se ha deslindado públicamente de las posturas de su secretario, estamos ante la presencia de un doble discurso que por una parte busca alianzas y coadyuvancias con la sociedad, pero por la otra lanza golpes sin dar la cara, por debajo de la mesa, a las organizaciones que podrían ayudarle a una política integral que busque la disminución de la crisis delictiva que vive la entidad.

En cualquier caso, el desplante de Cabeza de Vaca exhibe un nerviosismo que normalmente controlaba, una exasperación y una saturación frente a la crítica generalizada que recibe el gobierno por la crisis de seguridad, que no augura nada bueno.

La pregunta que empieza a surgir, en el arranque del año previo a la elección, es si Sinhue está dispuesto a arrostrar toda la carga negativa de su fallida política de seguridad o si sabrá deslindarse a tempo para intentar un cambio que por lo menos le de oxígeno a su partido. Al final la pregunta es si los compromisos con Miguel Márquez se antepondrán a la necesidad de sobrevivir. Veremos.

2.- Agripino y el drama: cuando cambia el escenario pero tú ya no puedes cambiar

Cuando Luis Felipe Guerrero Agripino tomó por asalto la rectoría general de la UG, ante la incompetencia política de José Manuel Cabrera Sixtos, su plan no era resolver las contradicciones profundas de la dinámica universitaria, sino hacerse del poder, simple y llanamente, como un escalón más en una carrera política que él y sus allegados querían ver como “vertiginosa”.

Por eso nada le importó el caso Kala, que solo fue un pequeño incidente al inicio de su reinado. Nada le decía la “violencia de género” o el “acoso”, fenómenos que, como buena parte de los universitarios, solo veían como elementos normales del paisaje en una institución donde los privilegios de la casta dirigente siempre han invisibilizado al estudiantado, que en teoria debería ser la primera y única razón de ser de una Universidad Pública.

A regañadientes, caso tras caso, hasta detonar en el paro de Diciembre, Agripino ha debido formular respuestas siempre reactivas, siempre provisionales, siempre formales y nunca profundas al tema de la violencia en las aulas y ahora, con el agravamiento de la crisis de seguridad, también fuera de ellas.

Sin embargo, el presupuesto universitario nunca se ha enfocado en atender esas problemáticas, como cuando el propio Agripino aseguró que no había recursos para abrir ventanillas de UGénero en todos los campus de la UG en el estado, limitando la respuesta a una página web de denuncia que nunca funcionó.

Hoy, después de la crisis, persiste su método autocrático, retroalimentado por su círculo inmediato de colaboradores acríticos, aduladores y bastante inútiles. Actos formales, protocolos rígidos, gasto innecesarios, documentos con nombres rimbombantes, decálogos y compromisos discursivos, justo lo que motivó la respuesta de diciembre, no parecen ser la solución a los reclamos de los estudiantes.

En el entorno de Agripino se sostiene que el movimiento estudiantil fue llamarada de invierno, que la capacidad de organización no da para una movilización permanente y que de aplicarse una represión selectiva a las cabezas visibles del movimiento, mientras se persiste en las prácticas de siempre, se salvará la crisis.

Es una apuesta cara que con mínimos recursos puede ser dinamitada, como se vio este viernes con el performance de unas pocas decenas de estudiantes de organizaciones feministas que se robaron el escenario de la acartonada promulgación del decálogo de actuación contra la violencia de género.

Agripino debería entender, si de verdad le importa la Universidad que lo formó y ledió la oportunidad de crecer hasta llegar a su máximo cargo de representación, que sus formas y sus objetivos tienen que cambiar para tomar en serio el problema que tiene enfrente y que no responde solo a circunstancias locales, sino a una ola mundial de conciencia en torno a los rezagos de la desigualdad de género, la violencia y su repetición institucionalizada.

Tendría que quitarse el saco y arremangarse la camisa, aguantarse las ganas de decir discursos prefabricados con citas cada vez más inoportunas y ajenas y poner a trabajar a sus colaboradores, a que desquiten sus enormes privilegios. O, de lo contrario, hacerse de un nuevo equipo no solo de “amigos”, que le entren a la transformación obligada de una institución cara, lenta, ineficiente, que ya no puede vivir solo de discursos y decálogos.

Es eso o la ignominia y el olvido.

3.- Ascencio Barba: como hacer tropezar una candidatura por ambiciones

Hasta hace pocas semanas, el diputado federal por el PAN del distrito de Irapuato parecía tener alineados todos los astros para transitar con tranquilidad de su curul a la candidatura a alcalde de Irapuato.

La apuesta de Sergio Fernando Ascencio Barba no es fácil de por sí. El gobierno de Ricardo Ortiz está haciendo agua por la inseguridad rampante en Irapuato y la violencia que la acompaña. El desgaste del PAN podría ser paliado por el carácter de candidato externo de Ascencio, pero de cualquier manera, el proyecto tenía que armarse sin cometer errores.

No fue así, sin embargo. La otra faceta del político irapuatense, la de empresario inmobiliario, es la que parece haber empezado a convertirse en lastre, sobre todo por el desarrollo que pretende realizar en la sierra de Santa Rosa, en Guanajuato capital, a contrapelo de ordenamientos ecológicos y solo con complicidades en la esfera municipal.

Y no solo es la impertinencia de invadir una reserva forestal sin avisarle siquiera a la Semarnat, cosntruyendo caminos y taludes que deberían ser soportados con Manifestaciones de Impacto Ambiental del ámbito federal.

Ahora también surge la inevitable polémica por el uso del agua potable y las descargas residuales en una zona aledaña a una área natural protegida como es la cuenca de la Esperanza, donde además se encuentra una de las reservas de agua de la capital.

Aún con todo el apoyo del alcalde panista Alejandro Navarro y del gobernador Diego Sinhue Rodríguez, Ascencio entrará en una complicada dinámica de cuestionamientos donde no bastará su sonrisa y su audacia empresarial para convencer a quienes consideramos que la sierra de Santa Rosa bien vale una batalla a fondo por su preservación.

Porque, además, si prospera la pésima idea de sacrificar los valores ambientales para que un acudalado empresario – político haga negocios con la plataforma Airbnb, en tanto vende los lotes y se desentiende de la suerte del fraccionamiento, solo será abrir la puerta a la depredación inmobiliaria de uno de los escasos pulmones boscosos de la entidad, pues el mal ejemplo cundirá.

No se puede menos que condenar la mala fe empresarial de proyectos como este, que veden paraísos ambientales que ellos mismos se encargan de afectar, sin importarles que a los ingenuos que logren enganchar les endilguen no una satisfacción, sino un problema, desde luego cuando el empresario ya capitalizó sus utilidades y a otra cosa mariposa.

¿Y así quiere gobernar Irapuato? Sálvese el que pueda.

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