Arnoldo Cuellar

Diego y la cultura: insana distancia

In Análisis Político, POPLab on octubre 28, 2019 at 4:00 am

El viejo partido humanista, liberal en el sentido clásico, apegado al amor a México, pero también al humanismo católico en la mejor tradición, ha pasado a convertirse en Guanajuato en una fuerza política ensimismada, provinciana y orgullosa de su ignorancia.

En Guanajuato, el PAN se alejó de la cultura. Vicente Fox no iba a los eventos del FIC ni a las ceremonias protocolarias “porque se acostaba temprano”; Carlos Medina reprimió conciertos de rock como alcalde de León; Miguel Márquez organizaba una tertulia al estilo de “Siempre en Domingo” al terminar el FIC y se retrataba con Chabelo y José José, para marcar distancias con el Cervantino.

Foto: Twitter @Alan_Sahir

Si acaso, Juan Carlos Romero Hicks, que como rector universitario fue coorganizador del Cervantino por casi una década, tuvo una mayor empatía, aunque tampoco sin arranques de entusiasmo.

Diego Sinhue Rodríguez, el actual avatar del panismo gobernante, no disimula su distancia con las expresiones culturales. Una y otra vez le aplicó plantones a la directora del FIC Mariana Aymerich en aperturas de eventos. La última fue ayer domingo, en la conferencia de medios para informar los resultados del evento.

Sin embargo, Sinhue no consideró como representación suficiente la de la directora del Instituto Estatal de la Cultura, la siempre eficiente y profesional Adriana Camarena, sino que mandó a su coordinador de Comunicación Social. Quizá la Secretaria de Educación, la ex directora politécnica Yoloxóchitl Bustamante hubiera sido más representativa, pero no se eligió eso.

Así que le tocó al comunicador Alan Márquez poner la cara para dar cuenta de que este FIC registró menos asistencia que las anteriores ediciones, tanto en visitantes como en espectáculos, lo que quizá explique la ausencia del gobernador. Para redondear, ni siquiera fue posible anunciar a los invitados del próximo festival, interrumpiendo así una tradición de muchos años.

El tema puede ser anecdótico, pero no lo parece tanto cuando observamos como en general el tema cultural no recibe la misma atención de parte de los últimos gobiernos del PAN, que otros aspectos de las políticas públicas. Presupuestalmente, ya no es noticia que el IEC es una de las dependencias más castigadas y que nunca se piensa en la cultura como parte fundamental de las políticas transversales para combatir flagelos como la desintegración familiar, el consumo de drogas legales e ilegales o la violencia que nos invade de forma creciente.

Por eso ya no llama la atención que el gobernador ni siquiera se haya tomado tiempo para renovar o fortalecer el consejo y la directiva del Fórum Cultural Guanajuato, la costosa infraestructura construida con apoyo federal en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, que languidece no solo en su programación, sino como referente en su ámbito.

Sinhue ha usado más el teatro para actos políticos o de promoción que para asistir a veladas culturales, entre otra razón porque se realizan mucho menos eventos ahora que en los años anteriores.

El despido injustificado y violento de Alonso Escalante, producto de una reacción chauvinista del Consejo Directivo que argumentó entre los graves pecados del primer director del Teatro Bicentenario su desdén haca la incultura del empresariado leonés, trajo consigo la interrupción de una dinámica que tuvo entre sus muchas virtudes no solo la de activar el espléndido espacio escénico, sino que también contribuyó a formar públicos.

El acomplejamiento de “intelectuales” locales como el director del Fórum, Arturo Joel Padilla, quien ha resultado mejor intrigante burocrático que promotor cultural, redundó no solo en la injusta defenestración de Escalante, quien además del despido fue vituperado en una carta pública que mereció una admonición de la normalmente complaciente Procuraduría de Derechos Humanos y derivó en una disculpa soterrada, aunque inédita.

Hoy, Sinhue no solo no ha renovado el Fórum Cultural, sino que lo ha dejado como un juguete en las manos de un consejo que lo ve más como un bastión ideológico que como un espacio de promoción de valores culturales y artísticos que contribuyan a una reflexión sobre la realidad que vivimos y que no parece nada satisfactoria.

Desde luego, esa es la nueva normalidad, si tomamos en cuenta que dos tercios del gabinete de Miguel Márquez sigue vigente en la nómina, aunque estén desaparecidos de la atención a los problemas del estado.

Diego Sinhue manifestó su convicción de que el presupuesto de cultura “no es un gasto sino una inversión” al inaugurar el Teatro de Purísima con la destacada presencia de Miguel Márquez, el verdadero constructor del inmueble para su tierra natal. Sin embargo, en la cultura como en el caso de la salud, lo caro no es hacer edificios, sino ocuparlos, darles vida y generar dinámicas de interacción con poblaciones que normalmente no gozan de un acceso sencillo a la actividad cultural.

La ausencia de Sinhue en los eventos cervantinos, su distancia con ese ámbito específico de la tarea gubernamental tan maltratado por los gobiernos panistas, la promoción del arte y la cultura, desdice su frase lucidora de Purísima: esa inversión de la que habló sigue ninguneada, invisibilizada, desatendida.

La distancia entre el PAN de hoy en Guanajuato y la tarea cultural, queda en evidencia con un hecho más: el presidente del Consejo Estatal de la Cultura es un priista, el empresario leonés Jorge Videgaray, quien hace lo que puede con el escaso apoyo que recibe.

Llevar a Guanajuato a mejores estadios de bienestar no se logrará solamente apostándole a los robots y a la automatización industrial. Sin cultura, en el otrora “destino cultural de México”, como rezaba la propaganda marquista, seguiremos cojeando.

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