Arnoldo Cuellar

Zamarripa o el sheriff de Nottingham

In Análisis Político, POPLab on septiembre 23, 2019 at 3:19 am

Inopinadamente, el Fiscal General del Estado, Carlos Zamarripa Aguirre, se presentó en un noticiero radiofónico de León el viernes pasado. Hay que decir que entrevistar a dicho funcionario es un verdadero trabajo de Hércules para los periodistas de Guanajuato. Habla solo cuando quiere, donde quiere y de lo que quiere.

Un día antes había ocurrido la feroz emboscada contra un grupo de guardias penitenciarios de la Secretaría de Seguridad, donde murieron cinco elementos desarmados; horas después ocurriría el ataque a las oficinas de la propia Fiscalía en Celaya con el saldo de un policía muerto y varios heridos; días antes un atentado segó la vida de un funcionario de inteligencia federal y dejó herido al responsable de esa tarea en la entidad.

Increíblemente, la entrevista del titular del espacio, Antonio Rocha, y su colaborador de temas políticos, Miguel Zacarías, no abordó de inicio la complicada situación que vive el estado y el hecho de hay una ofensiva directa contra las autoridades por parte de grupos del crimen organizado, que se vive una guerra sin declaratoria de por medio y por motivos ignorados, por lo menos para la sociedad.

El sheriff de Notthingam

La entrevista se centró en las complicaciones para echar a andar una nueva estrategia de combate a los delitos del fuero común en León, donde el municipio ha planteado un proyecto que incluye la colaboración cercana entre policías preventivos y ministerios públicos para aumentar la capacidad de recibir denuncias, registrar delitos y dar inicio a procesos de investigación en los que también participe el policía local, a fin de concluir en la presentación de carpetas de investigación ante un juez, tarea esa sí exclusiva del ministerio público.

Más allá de algunas precisiones sobre la disposición de la FGE para capacitar policías o de que estos pueden actuar ya recabando denuncias facultados por la ley, lo que se apreció en la cómoda charla donde Carlos Zamarripa marcó los tiempos y los temas, fue una actitud de descalificación pública hacia dos personajes que no parecen serle gratos: Bernardo León, el asesor contratado por el Fideicomiso para el Fortalecimiento de la Seguridad Ciudadana de León, donde confluyen liderazgos empresariales y autoridades;  y el dirigente del Consejo Coordinador Empresarial, José Arturo Sánchez Castellanos.

Lejos de resolver el tema en las mesas donde se reúnen a deliberar sobre el mejor modo de enfrentar el fenómeno delictivo, Zamarripa optó por una actitud casi trumpiana de pleito público que no deja de conllevar una intimidación.

La actitud  de Zamarripa era muy previsible desde que el gobierno de Diego Sinhue Rodríguez y sus diputados alineados decidieron otorgarle el beneficio del pase automático y convertirlo en Fiscal General Autónomo, desoyendo la inconformidad de ciudadanos y actores públicos por los pésimos resultados en la década que ejerció como procurador de justicia, así como la preocupación por la acumulación de poder en unas solas manos.

Hoy, el Fiscal Zamarripa tiene en sus manos el aparato de investigación de los delitos, un grupo policial de élite, el ascendiente sobre la policía estatal a través del secretario de seguridad con quien forma una unidad, el control de prácticamente todas las policías municipales a través de un mando único de facto construido mediante convenios o mediante la designación a trasmano de los titulares, como ocurre en el caso de León.

Y el poder, inevitablemente, se siente. La decisión de Zamarripa de usar una entrevista de radio para mandar un mensaje contundente a quienes han osado criticarlo o sugerir rutas de acción diferentes a las que él ofrece, es un desplante que no se le ha visto a Diego Sinhue, incluso ni siquiera a Miguel Márquez que era más echado pa’delante.

Carlos Zamarripa es hoy, si no el rey de la comarca, por el menos el sheriff más poderoso, en ausencia de un monarca, como lo era Nottingham en la leyenda de Robin Hood. Aquí el gobernante no se ha ido a las Cruzadas, aunque si permanece igual de ausente. Baste ver sus cancelaciones a varios informes de alcaldes.

Zamarripa fue a mandar mensajes a León el viernes, pero no apareció una noche antes en la rueda de prensa donde un titubeante Luis Ernesto Ayala saló a lamentar la muerte de los custodios, enviar apresuradas condolencias y comprometer apoyos futuros, antes de poner pies en polvorosa para dejar a la vocera Sophia Huett dar las explicaciones que deberían corresponder al Fiscal, sobre la mecánica del ataque y las primeras investigaciones.

Ante el desvanecimiento del gobernador; ante el extravío de los diputados, que habían asegurado que el pase automático no era “un cheque en blanco”;  y ante la inexistencia del resto del gabinete, hoy solo parece haber un hombre fuerte en Guanajuato. Solo él sabe porqué están atacando al estado y no lo comparte con nadie más allá de su socio Cabeza de Vaca.

El PAN, a sus ochenta años, ha dejado la democracia en el camino y ha reconstruido la figura del hombre fuerte, la misma que buscan combatir de palabra a nivel nacional, pero con la que parecen sentirse por demás cómodos en la plaza más arraigada que les queda.

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