Arnoldo Cuellar

En el avión y sin piloto

In Análisis Político, El Otro Enfoque, sinembargo.mx on diciembre 5, 2018 at 8:17 am

Casi con seguridad, el equipo de comunicación del gobernador Diego Sinhue Rodríguez, donde se forman asesores, directores de canales oficiales, una secretaria particular, amigos periodistas, voceros de seguridad, todos menos la encargada formal del área, quería desplegada a ocho columnas en los medios la nota del “avión que se fabrica en Guanajuato”.

No fue así, a la pequeña aeronave de tres plazas llamada pomposamente “Halcón 1”, cuando más bien parece un colibrí, la relegaron a un sitio secundario las noticias sobre la inseguridad: una veintena de muertos el primer martes de diciembre y las denuncias del alza de los delitos patrimoniales contra familias y empresas, se llevaron los titulares de la mayor parte de los medios.

Avion

Poner los pies en la tierra. Foto: Gobierno del Estado.

Y es que, por más que lo quiera la legión comunicadora de Sinhue, gran responsable de mantener al gobernador enconchado tras una cortina de silencio y solemnidad que poco abonan a construir una imagen confiable para los ciudadanos, la realidad no se inventa.

Es cierto, puede ser una noticia de mediana relevancia que en San Miguel de Allende se construyan avioncitos de pequeña envergadura que vuelan de León a Vallarta con una carga de 600 pesos de gasolina, pero eso sin duda no va a revolucionar la industria aeronáutica, como lo quisieran los provincianos panegiristas del dieguismo, cada vez más forzados a inflar noticias ante la carencia de logros puntuales del nuevo gobierno.

Lo que no debería estar ocurriendo es que una entidad que quiere forzar su ingreso al primermundismo a fuerza de discurso gubernamental, tenga lacras como la de la violencia rampante y la inseguridad atronadora que nos afecta.

Tampoco puede entenderse que una sociedad que presume de innovadora, tenga que depender de funcionarios de seguridad inamovibles que se quedan donde están no por sus resultados, sino por los oscuros secretos que conocen de la clase política local.

En una sociedad de primer mundo que quiere incursionar en industria de punta como la aeroespacial, sería una noticia de ocho columnas que el futuro secretario de gobierno le venda su fábrica a un empresario que departe cada semana con los encargados de la seguridad en antros y palcos futboleros.

Se trata de una operación nada transparente que mezcla negocios y política, justo lo que prohibía la vieja ética panista, esa que ya no se puede encontrar ni en algún museo ante la debacle moral de ese partido.

Mientras Diego Sinhue siga convencido de que puede gobernar a punta de boletines de prensa “amables” y sus consejeros sigan creyendo que la realidad se inventa con estrategias mediáticas, este gobierno continuará dando tumbos, para felicidad del verdadero ganador en este río revuelto: el exgobernador Miguel Márquez, quien aún se da el lujo de tuitear fotos de sus eventos como mandatario con ex colaboradores a la zaga, como Ricardo Narváez, el flamante secretario del Congreso que no atiende a 36 jefes actuales, sino a uno solo nada pretérito.

Urge que Diego Sinhue se baje del avión en el que lo han colocado un grupo de consejeros inoperantes y frívolos; urge que empiece a gobernar y se desprenda de la pesada placenta que le heredó Miguel Márquez; urge que se de cuenta de lo que realmente necesita Guanajuato y requieren sus habitantes.

No se puede intentar gobernar “a golpe de buenas noticias”, mientras la realidad impone las malas que solo lo son para los gobernados y no para un aparato de gobierno encumbrado, privilegiado y aislado.

Urge que el gobernador abandone las lujosas oficinas del G100, por cierto, aún no sabemos en calidad de qué utiliza ese espacio privado, si paga renta o se lo ceden, para caminar más por Guanajuato y no solo donde haya obras por inaugurar, repletas de público “transportado” como escenografía.

¿En serio, una avioneta de tres plazas nos coloca en la vanguardia tecnológica del mundo? No inventen, no enseñen el cobre con tanta facilidad.

No somos ni seremos Singapur y hay quienes deben de estar agradecidos por eso, sobre todo los funcionarios que trafican con influencias y que se aprovechan de sus posiciones para lucrar. En Singapur estarían en la cárcel, mutilados y quizá enfrentando una pena de muerte. ¿Verdad que no es para tanto?

Y la nota, no fue la de ocho.

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