Arnoldo Cuellar

El problema de las mentiras: el caso Bárbara

In Botepronto, Zona Franca on junio 26, 2012 at 4:47 am

Cuando en Zona Franca descubrimos pruebas documentales acerca de la posesión de una concesión de taxi por parte de la candidata priista a la alcaldía de León, Bárbara Botello Santibáñez, la cual no estaba declarado en su presentación de bienes realizada al arranque de su campaña, nos pareció un problema delicado, pero salvable. No obstante, había que señalarlo.

Una concesión de taxi  no debe tener un valor mayor a doscientos mil pesos en el mercado de León, lo que no la hace un bien particularmente destacable en alguien que maneja un patrimonio de siete millones de pesos, a su propio decir.

Sin embargo, el tema era el ocultamiento. ¿Porqué no manifestarla junto con el resto de vehículos, inmuebles y menaje diverso? La respuesta es que probablemente se trata de un activo que no enorgullece particularmente a la furibunda antipanista en que se ha convertido a últimas fechas Bárbara Botello.

Porque la concesión de taxi fue obtenida por la aspirante a la alcaldía mediante una cesión de derechos de un particular, Fernando Caldera Martínez, en el año 2002, la cual debió ser sancionada mediante una resolución que firmó el gobernador del Estado, como se estilaba entonces, el panista Juan Carlos Romero Hicks.

Seis años después, cuando Botello era diputada local, el 25 de marzo de 2008, el secretario de gobierno olivista, Gerardo Mosqueda, le firmó el título correspondiente que regularizó completamente la concesión.

Se entiende que la candidata no haya querido destapar una historia que la vincula de manera tan directa con algunos connotados adversarios políticos, sobre todo después de que su campaña se centra en la idea de cambio, lo que no es compatible con haber tenido un pasado de colaboración.  

Quizá por ello, hasta febrero de 2012, de una manera un tanto tardía, la abogada Botello inició a través de un representante legal otra cesión de derechos de la misma concesión, esta vez a favor del representante legal de la empresa que maneja Taxitel, Fernando García Murguía.

Por esa causa, el trámite no ha concluido y a esta fecha, un mes y diez días después de haber presentado su declaración de bienes con la intención manifiesta de exhibir una actitud de transparencia, si se hace una consulta a la página de Internet de la Dirección de Tránsito del Estado, preguntando por el propietario de la concesión LE1027 de la modalidad transporte sin ruta fija taxi, aparece con todas sus letras el nombre: María Bárbara Botello Santibáñez.

Entonces, la pregunta subsiste: ¿si la verdad legal, hoy en día y el día de la presentación de sus bienes, es que posee una concesión de taxi, porqué no incluirla en la exhibición de sus posesiones?

Si mañana ese vehículo es responsable de un accidente o una infracción legal, las consecuencias deberá afrontarlas Bárbara Botello y nadie más. Para efectos jurídicos, y estamos hablando de una abogada litigante, la concesión es de su propiedad y tendría que estar incluida en su listado de haberes, si es que se precia de ser transparente y estar diciendo la verdad.

No fue así, Botello no sólo excluyó el taxi y la concesión de su relación de activos, sino que todavía este lunes, después de la investigación de Zona Franca, lo negó en el noticiero de radio El Poder de las Noticias, que conduce el periodista Antonio Rocha. Más tarde cambio la versión y reconoció haber tenido un taxi y haberse deshecho de él en alguna fecha no recordada.

Bastaría que la candidata hubiese ingresado muy temprano a la página http://transito.guanajuato.gob.mx donde se encuentra un amigable buscador del registro público de concesiones de taxi. Basta con tener el número económico o la placa, en este caso LE1027, para enterarse de quién es el propietario.

Al final del día el tema en cuestión es la mentira. Sabemos que los políticos mienten, lo hacen mientras ofrecen cumplir y cambiar y resolver problemas. Pero resulta muy lamentable cuando se dejan sorprender de forma tan inocente y, además, persisten en el error.

Aquí el problema es que la candidata priista ha dejado en claro que no tiene ningún escrúpulo para mentir, pero además que no sabe como salir del atolladero cuando se lo demuestran.

Mentiras, torpeza y reflejos lentos no parecen buen bagaje para un político que aspira a gobernar una ciudad tan compleja.

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