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Guillermo Ruiz de Teresa: ¿para eso quería ser diputado?

In Análisis Político on noviembre 2, 2011 at 4:28 am

Fue secretario particular de Francisco Labastida Ochoa  en la Secretaría de Gobernación y coordinador de giras en su campaña por la presidencia de la República en el año 2000, quizá por eso, Guillermo Ruiz de Teresa se ve a si mismo como un integrante del Olimpo político de este país, máxime ahora que su partido, el PRI, ya se siente de regreso en la presidencia de la República, como si la elección del próximo año fuese sólo un trámite engorroso.

Logró ser diputado federal, tras varios intentos, por el expediente de las juanitas, burlando la ley que preserva espacios para la equidad de género, gracias al apoyo del todopoderoso líder cenopista Emilio Gamboa y a la creatividad del sofisticado político celayense Carlos Chaurand Arzate.

Localizaron a una mujer con talento para la política y marginada del reparto de posiciones por la persecución del dirigente saliente Miguel Ángel Chico y la desconfianza del entrante Jose Luis González Uribe: la irapuatense Yulma Rocha.

Así se integró la cuarta fórmula de la lista plurinominal por la segunda circunscripción federal, a la que pertenece Guanajuato: Yulma Rocha, una joven y desconocida diputada local guanajuatense, como titular; y Guillermo Ruiz de Teresa, el influyente ex colaborador labastidista que vio truncado su ascenso meteórico en el año 2000 por la derrota priista, en la suplencia y al acecho.

Varios meses después de lo planeado, a causa del escándalo de las juanitas propiciado por la voracidad del Partido Verde, Yulma se retiró de la Cámara mediante una conveniente licencia y accedió a ella el bien relacionado Ruiz de Teresa.

A los pocos meses, el legislador empezó a aparecer con asiduidad por Guanajuato: cambio su registro electoral a San Miguel de Allende, donde tiene una residencia de descanso que visita algunos fines de semana al año y, por si algo faltara, empezó a hacer política activa.

Ya trajo a Gamboa a una gira por Guanajuato que revistió pocas novedades, salvo el regreso de las multitudes de acarreados a los que ya difícilmente puede recurrir el PRI por su escasez de efectivo. A algunos de sus cercanos, el diputado Ruiz de Teresa empezó a confiarles su intención de buscar la senaduría por Guanajuato, a través de la posición que encabeza la fórmula, para no correr riesgos.

En las últimas semanas, le ha dedicado tiempo y esfuerzo a una gira por algunos cenáculos priistas del estado, con el pretexto de realizar foros sobre la propuesta presupuestal del Ejecutivo Federal y las correcciones que pretenden los priistas, sobre todo más recursos a los programas no fiscalizables de apoyo al campo, muy útiles en tiempos electorales.

En esa aventura, Ruiz, más que un protagonista, es compañero de viaje del líder cenecista Gerardo Sánchez, que parece empezar a descubrir su verdadero juego en pos de la candidatura al gobierno estatal, abriéndole más el campo a su compañero de andanzas para la búsqueda de la senaduría.

Sin embargo, ese tinglado acaba de sufrir un serio tropiezo, al conocerse, en un reportaje del diario Reforma, la lamentable estadística de los diputados juanitos, donde Guillermo Ruiz de Teresa destaca como uno de los más faltistas, con cien inasistencias a votaciones del pleno; por si algo faltara, es también muy improductivo, pues apenas ha presentado 6 propuestas en las comisiones a las que pertenece, de algunas de las cuales ha sido expulsado por su ausentismo.

La primera pregunta que viene a la mente es: ¿para qué quería ser diputado? Y la otra, ¿para qué quiere ser senador?

Las respuestas no son difíciles. Guillermo Ruiz de Teresa es miembro de una élite de los negocios y las relaciones entre éstos y el poder, vocación que le viene de familia. Sus posiciones legislativas le sirve para el tráfico de influencias que se ha vuelto el pan de cada día en este país para que las empresas logren sus metas y sobrevivan en una cultura de escasa competitividad y muchas complicidades.

Eso puede ser una explicación, plausible o no, sin embargo, la siguiente inquietud que aparece es ¿y qué culpa tiene Guanajuato de las muy particulares vocaciones e intereses de don Guillermo, quien hasta hace no mucho probablemente lo único que conocía de la entidad eran los espléndidos restoranes y sitios de diversión de San Miguel de Allende, durante los fines de semana?

La palabra la tienen los priistas de Guanajuato, quienes por cierto hasta ahora han recibido con los brazos abiertos a Ruiz de Teresa, quien no deja de ser un muchacho encantador y bien educado. Probablemente ese sea uno de los pocos destinos que le quedan a un partido que no ha sabido reconstruirse en base a sus propias fuerzas: ser territorio de conquista de una nueva clase de procónsules políticos que los cortejen en las épocas preelectorales y electorales, y los olviden el resto del tiempo.

Ya ha pasado hace no mucho y pudieron vivir con eso. De todos modos, la dignidad no es algo que se pueda comprar en las boticas.

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