Arnoldo Cuellar

PRI: ¿optimismo, ingenuidad o prepotencia?

In Análisis Político on octubre 10, 2011 at 3:56 am

Mientras a nivel nacional Enrique Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones dan muestras de prudencia política e inteligencia estratégica, mandando el mensaje de que en el PRI del 2012 no va a ocurrir lo del 2006, la tropicalización de la línea priista en busca de la recuperación del poder, deja mucho que desear.

En una nueva visita de carácter proconsular, el alto dirigente priista Ricardo Aguilar Castillo, secretario de organización del CEN y ex presidente del PRI en el Estado de México en el sexenio de Enrique Peña Nieto, les asignó a sus correligionarios en Guanajuato una serie de tareas, donde la más destacada es la de obtener un millón y medio de votos en la próxima elección federal.

Se trata, como se ha comentado ampliamente, de triplicar la votación que obtuvieron en  las dos anteriores elecciones, 2000 y 2006, que rondo los 500 mil votos; o crecer en un 60 por ciento la que fue su mejor votación de la era panista, en 1994, donde llegaron a más de 900 mil sufragios.

Se antoja una meta más que difícil, virtualmente imposible. La votación de 1994 fue posible no sólo por el alza de la participación a nivel nacional y el envión que le representó al PRI la cadena de sucesos de aquel año, que incluyeron el alzamiento en Chiapas y el asesinato de su candidato presidencial, Luis Donaldo Colosio; sino también por el hecho de que la estructura electoral que en la practica significaba el Programa Nacional de Solidaridad, de Carlos Salinas de Gortari, se encontraba intacto en Guanajuato y manejado por la estructura federal.

En esa ocasión, el candidato tricolor Ernesto Zedillo logró 945 mil sufragios por 513 mil de Diego Fernández de Cevallos, quien, como se recordará, frenó su campaña después de ganar el debate.

En 2000 y 2006, el PAN ya se encontraba aposentado en Guanajuato y manejaba sus propias estructuras desde el gobierno local. El candidato Francisco Labastida obtuvo 517 mil votos frente al millón 128 mil de Vicente Fox; mientras que Roberto Madrazo descendió a 368 mil votos por un millón 155 mil de Felipe Calderón.

Al día de hoy, sin una infraestructura ligada al gobierno, en lo Lola y en lo nacional, con un partido debilitado por la falta de recursos económicos e institucionales y lastrado por los conflictos entre las corrientes, el PRI de Guanajuato no parece disponer del músculo que le permitiría capitalizar el buen momento nacional que representa el posicionamiento de Enrique Peña Nieto.

Pero las cosas no quedan allí. El mensaje de Aguilar Castillo no sólo puso la vara en una altura con la que los priistas locales hace ya tiempo que no consideran ni en sueños, sino que además impuso otras condiciones.

Por ejemplo, el ex dirigente del poderoso priismo mexiquense que vive un nuevo momento estelar, planteó la inviabilidad de que se propicie o se produzca un voto diferenciado entre los que vaya a darle su respaldo al PRI en 2012. Seguramente lo hace a la vista de la pasada elección, en la que Roberto Madrazo quedó 130 mil votos abajo del candidato estatal, Miguel Ángel Chico Herrera, quien arañó los 500 mil votos contra los 368 mil de su candidato presidencial.

En lo que el enviado de Peña Nieto, puesto que responde más al ex gobernador que al dirigente priista Humberto Moreira, no quiso reparar es en el hecho de que para llegar a una cifra de votos que vaya más allá de los 500 mil, el PRI necesita recurrir a la sociedad y salirse de su voto duro.

Aspirar a un millón y medio de votos significa ir a convencer a la sociedad con un trabajo serio y profundo. No hay ningún aparato, incluyendo el panista, que permita esos márgenes de participación. Y recurrir a la sociedad es un trabajo que requiere, también, una gran humildad.

El PRI está tratando de recobrar el poder en medio de una enorme desilusión ante la ineficacia de los gobiernos panistas, pero también frente a una gran desconfianza de núcleos de ciudadanos que están entre temerosos y ciertos de que este partido regrese tal como se fue, con los mismos vicios y sus mismas viejas proclividades por la antidemocracia, la exclusión y el patrimonialismo.

El mensaje de Aguilar Castillo que lejos de pedir el voto ciudadanos con moderación y respeto  se pone a exigir un voto en cascada, dictando de antemano lo que deben de hacer ciudadanos que ni siquiera son miembros de su partido, viene a ratificar que los bebesaurios priistas no solo tienen las mismas mañas de sus antepasados sino que, encima de todo, son más naifs.

Y eso, sin duda alguna, es una mala noticia para nuestra precaria democracia.

Botepronto

Cada vez queda más evidenciada la autoría detrás del exmisterioso Hugo Whatts, autor de la Columna de la O que publica el matutino a. m. de León.

En sus últimas entregas, Whatts se ha dedicado a descifrar las intrigas que se viven en la Secretaría de Seguridad, a cargo del general de división Miguel Pizarro Arzate.

Con fichas detalladas que sólo pueden provenir del interior de la dependencia, se ha exhibido a funcionarios de nivel medio y alto, sobre todo los que sobreviven de la etapa de Baltazar Vilches Hinojosa, el ex titular que hoy forma parte del cuarto de guerra del precandidato Gerardo Mosqueda.

Conociendo lo dolido que salió Vilches de un cargo que ni por perfil ni por capacidad debió de ocupar nunca, queda claro que Whatts no sólo mantiene comunicación sino que incluso recibe línea de el ex funcionario. Como tema, los chismes de la secretaría de seguridad parecen menores ante la cantidad de puntos acumulados en la agenda de cualquier columnista que se precie de estar actualizado.

La hipótesis se refuerza: Whatts es el periodista Luis Alberto Reyes, un acólito del Yunque en épocas pretéritas que operó como “asesor” de comunicación de Vilches, con pésimos resultados por cierto, y que debió abandonar la nómina a la llegada de Pizarro Arzate.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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