Arnoldo Cuellar

Debate: ataque sin sustancia; defensa sin pasión

In Botepronto, Zona Franca on mayo 31, 2012 at 11:58 pm

Como era previsible, las partes más interesantes del debate entre candidatos a la gubernatura tuvieron que ver con la crítica a los excesos y los incumplimientos del gobierno que está por finalizar, ahora con un responsable sustituto pero antes con el vilipendiado Juan Manuel Oliva al frente.

Sin embargo, si concedemos que el objetivo focalizado de un ataque político es el debilitamiento de la imagen del adversario y el posicionamiento de la propia, máxime cuando se está en la recta final de una elección, el resultado del debate de anoche no indica un claro ganador ni un perdedor.

El panista Miguel Márquez tiene un flanco débil que no puede blindar: su participación como responsable de la rendición de cuentas de un gobierno que está cuestionado por su honorabilidad.

Sin embargo, ni desde la perspectiva ética que manejó el perredista Arnulfo Montes de la Vega, ni en la óptica funcionalista del priista Juan Ignacio Torres Landa, quedó clara la vinculación de Oliva y Márquez y su responsabilidad: los señalamientos fueron generalizantes y de ninguna manera concluyentes.

Por eso la defensa de Márquez se limitó a un deslinde personal que ni siquiera fue rebatido. Al afirmar “yo no soy Juan Manuel Oliva, soy Miguel Márquez”, el aspirante del oficialismo lanzó un mensaje de no defensa de Oliva, lo que equivale a aceptar que tiene responsabilidades, pero subrayando que no son sus pecados.

Como el ataque fue impreciso y pretendía hacer daño a la imagen de Márquez, el deslinde personal bastó. Faltó que alguien vinculara la responsabilidad política que surge de haber formado parte del gobierno al que se cuestionaba. Quizá el mayor reclamo fue el que desde el campo de la ética personal, más que política, formuló Montes de la Vega.

En lo que hace a Márquez, se le vio débil en la propuesta y escurridizo en la aceptación de responsabilidades derivadas de su propia carrera política. El candidato del PAN está en ese lugar gracias al régimen del que formó parte y que también tiene logros para presumir igual que rezagos que ya no cubrirá.

En síntesis, el debate no demolió, ni de lejos, al candidato que contra viento y marea sigue en la punta de la contienda; pero tampoco mostró la renovación de la que el panista quiere presumir, la cual debería partir de una autocrítica razonada y una defensa de las políticas de las que fue corresponsable.

Así que nada para nadie, salvo la sana reivindicación del papel de una izquierda un poco más moderna en la persona de Arnulfo Montes; no así de esos remedos de políticos  prehistóricos que fueron Ernesto Prieto y Enrique Eguiarte.

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